Construir futuro: “Buscamos acompañar los deseos de las personas”

Con la premisa de apostar al trabajo en red para superar fronteras y mejorar la calidad de vida de las personas, Construir Futuro enuncia su campo de acción como una amplitud. La organización surgió este año en la Comuna 10, y busca expandir su territorio de trabajo a la 9 y la 11. Además, desde hace años, y en el marco de otra agrupación, sus integrantes dan alimento a personas en situación de calle. Pero creen que eso no es suficiente y desean complementar sus acciones con acompañamiento y contención poniendo la mirada en lo humano. 

“Queremos acompañar en el área educativa, laboral, jurídica, de derechos. Nos conocimos siendo parte de Acción por Personas en situación de calle (PSC). Ese espacio funciona muy bien haciendo un determinado trabajo, pero nuestra idea es ampliar”, dice, en comunicación con Radio Monte Castro, Lucio Mascardi, parte de Construir Futuro. Él agrega que para lo que hacen es indispensable la labor coordinada con otras agrupaciones porque la idea es lograr una contención integral. Elles buscan ser nexo y, a la vez, se siguen formando. “Somos tres personas estudiando en la cátedra abierta de la Universidad Nacional de San Martín para trabajar con consumos problemáticos. Yo soy psicólogo social, hay un psicólogo, otra persona es trabajadora corporal. Tenemos formación, pero hay temas que requieren una mirada multiprofesional, algo que no se practica mucho en la Argentina. Desde ese lugar, nos proponemos detectar los problemas y ser un marco de contención. Buscamos acompañar los deseos de la gente. Las necesidades también, pero sobre todo los deseos”, dice Lucio.

¿Cómo surgió Construir Futuro?

En un momento, el PSC confirmó su desarrollo hacia el lado de la alimentación. Nosotros queríamos generar otro espacio y ahí no tenía lugar. En lo personal, no discuto la acción del PSC porque es un movimiento que empezó con 10 vecinos y creció hasta tener 130 voluntarios y alimentar a 300 personas, de las cuales 170 están en calle. Es una obra importante. Pero queríamos hacer más y nos corrimos. Sobre todo de la parte directiva, de la que yo participaba. Después, en realidad, el PSC es un espacio que se complementa con Construir Futuro.

 

Entonces nos pusimos a charlar sobre qué carajo íbamos a hacer, o cómo. Cuanto tenés todo armado y participás de un pedacito de la organización, es fácil. Te dedicás a hacer determinada tarea. Pero acá teníamos que empezar de cero. Entonces tardamos mucho. Esto surgió entre enero y febrero, pero recién en mayo nos largamos. Mientras, hacemos cosas. Creemos en la construcción de redes y queremos generar integración.

 ¿Cómo piensan ese trabajo en red?

Yo creo que lo único que nos queda es eso que dicen desde el Gobierno: “De acá salimos juntos”. Más allá de lo político partidario, me parece que si no nos ponemos las pilas y nos damos cuenta que el otro puede pensar distinto pero no tiene por qué ser el enemigo, estamos complicados. Lo único que sostiene a la gente que está en la pobreza es el vínculo solidario.

En ese sentido, sabemos que nosotros tenemos formación, pero no estamos capacitados para atender a todas las problemáticas. Lo que sí tenemos es conocidos que nos pueden dar una mano y la posibilidad de acudir a las diferentes organizaciones. 

A la vez, escuchamos. Le preguntamos a las personas qué necesitan. Si alguien desea un carro más grande porque de esa manera mejora su trabajo y lo podemos ayudar con una rueda, la conseguimos y, también, le hacemos el contacto con un amigo que es herrero. Si alguien está complicado para obtener los medicamentos que necesita, vamos y hablamos con el médico, con el hospital. Y si no sabemos, consultamos. Por eso el trabajo en red. Porque la libertad y el acceso a los derechos solo se consiguen con el conocimiento. 

Pasa con lo médico o con lo legal, que también hay un lenguaje poco accesible. 

Y uno no puede ser abogado, médico, psicólogo. Pero sí puede tener acceso al apoyo, saber dónde recurrir, conocer que los puntos de acceso a los derechos están en toda la ciudad y funcionan aceptablemente. También, acompañar. Porque donde hay prejuicios, si van con una persona de clase media es más sencillo. Mal o bien es una realidad y con eso tenemos que trabajar. Por ejemplo, pasó que vino una médica del SAME a ver a una persona en situación de calle con un problema en la pierna y lo atendió porque había dos mujeres de clase media rompiendo las pelotas hasta que lo revisó. Ella al principio no quería. Y no es que la mina sea una mala persona, sino que funciona con un vicio profesional. Puede que muchas personas en situación de calle quizás no se dejaron atender y se dejó llevar por eso. Ahí aparecemos nosotros como mediadores. Nos importa que las personas sean atendidas. 

En todo esto, ¿qué lugar ocupa el Estado?

El Estado no se hace cargo de nada. Ni de que existen personas en situación de calle. No los pueden contar. Cuando lo hacen, los subcuentan. El segundo censo popular de personas en situación de calle, de 2019, dice que había 7251 personas en esa situación. El Estado contó 190. Reparten comida solo cuando hace menos de cinco grados. Mantienen los paradores con un sistema de apertura y cierre. No tienen ningún plan para incluirlos en lo laboral. No les llevaron alcohol en gel ni barbijos. El programa Buenos Aires Presente (BAP) tiene personal precarizado, sin capacitación y sin medios. Conocemos a la gente del BAP y sabemos que hay personas macanudas que han hecho enormes laburos pese al BAP. No es un problema del trabajador, es un posicionamiento político.

 

Y no vacunan a la gente de la calle. A nadie se le ocurrió preocuparse por ir a buscarlos. Ese es el problema. Ramona importaba poco y sabemos lo que tuvo que pasar para que se la escuche. Pero, mientras tanto, Mario, Fernando o Vanesa no existen. A nadie les preocupan. Y no hablo sólo del Gobierno de la Ciudad, sino también del Nacional. Hay un problema político claro. No les importan demasiado porque son votos que no cuentan, que resultan pocos. 

En la Ciudad de Buenos Aires, en el pico de la pandemia, deben haber llegado a diez mil las personas viviendo en la calle. No hay un número exacto. Pero hoy hay muchas menos. Pasaron cosas como que no se desaloje de los hoteles. Y hubo una mejora económica cuando las cosas volvieron a abrir, sobre todo para quienes hacían changas. Eso no quiere decir que esté todo bien, tenemos un 44% de pobreza, entre eso el 60% de los chicos. Los índices son gravísimos y el costo humano de la pandemia es muy alto. Estar encerrados en términos físicos también nos ha encerrado en términos psíquicos.